La encrucijada Feb 2018
encrucijada A poco que rasques nos sale el pelo de la dehesa

 

Nuestra historia común es un complejo y desgarrado laberinto (suma de azares y encrucijadas múltiples), y la memoria de todos nuestros pueblos y ciudades está llena de fantasmas dispuestos a atacar a los viajeros en cada cruce de caminos”.

Con estas palabras atemporales, el escritor Julio Llamazares se estrenó hace más de 30 años en su faceta de columnista en El País, en cuyas páginas sigue diseccionando el laberinto español.

Llamazares es uno de los escritores más relevantes de la narrativa española desde la publicación de su magistral novela La lluvia amarilla. Destaca por haber dado voz a esa España de la que no se habla, la España del interior, en permanente hemorragia demográfica y de inversiones. Esta entrevista tuvo lugar a finales del año pasado en su domicilio en Madrid, en el barrio de Chamberí, sobre su mirada acerca de la actual situación de España.

 

-Su primera columna, La encrucijada, podría haberse publicado esta mañana. Diríase que la condición permanente de España es la encrucijada.

Yo creo que la crisis es la condición intrínseca de las personas y de los países. El problema de España es que desde siempre da vueltas a su propia identidad y a su propia condición; no sé si en los demás países ocurre igual. Pero España sí tiene algo como de pastel que no acaba de estar cocido del todo, y eso hace que continuamente despierten las mismas tensiones, los mismos choques de fuerzas. Cuando no son los catalanes son los vascos, cuando no, es el pasado; digamos que es un país que no acaba de serlo nunca. La historia de España tiene algo de día de la marmota, que repite los mismos capítulos de su historia y llega un momento en que acaba por desmoralizar. 

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